Por Manuel FrascaroliEsos buenos modales, o forma correcta de actuar o proceder en Internet, parece haber quedado en desuso, como si no importara por ejemplo responder un correo electrónico que le inquiere a uno personalmente una cuestión y dejarlo pasar como no recibido. Acaso alguien se atrevería a dar vuelta la cara a otra persona ante una pregunta cara a cara?
O en un grupo de varias personas, le darías le espalda a una para hablar con otra en su propia cara? Quedaría muy grosero no?.
Teóricamente, el tiempo en que un mail debería ser respondido puede oscilar normalmente entre 24 y 48 hs, a excepción que uno esté de viaje, en que puede incluir una respuesta automática que lo mencione.
Después de todo cuánto tiempo puede llevar en dar una mínima respuesta por más sintética que sea, la excusa del tiempo tampoco es muy válida para no responder “nunca” un mensaje. En especial hoy en que los dispositivos y soportes hacen que estemos online gran parte del tiempo.
Pero si uno quiere quedar bien grosero y mal educado puede ignorar deliberadamente cualquier correo o correcta meción explicítica en una red social… como ser 'arrobado' en Twitter por caso, “ninguneando” -si se me permite el neologismo- a ese “otro” al que no nos interesa si quiera decirle un simple “no”, "gracias" o cualquier cosa, pero diciendo algo que al menos lo reconozca como alguien merecedor de una respuesta.
Justo por aquello que se dijo que estamos en tiempos en que la presencia virtual en Internet está potenciada por una conectividad casi permanente, la excusa de no ver un mensaje o no recibirlo ya no cuela ni como para hacerse un poco el boludo, queda directamente como “rude”. Es preferible afrontar la situación, el planteamiento, el pedido, la propuesta o la comunicación en definitiva (trate sobre lo que trate) a no ser nada “polite”, pero para eso hace falta “huevos”, integridad, educación, moral, ética, etc.
Si preguntan qué fue de la netiquette? Quedó allí enterrada entre la bandeja de entrada y la carpeta de spam, llevándose parte de nosotros consigo.
La netiquette y el ninguneo, una lamentable mala costumbre que lejos de cesar, está en pleno apogeo.
Breve actualización
Con el reinado de las redes sociales y la web 2.0, es decir aquellas regidas por la lógica colaborativa y la dinámica conversacional, uno ha aceptado voluntariamente contactos (como en Linkedin, Twitter, etc), donde ha dejado la puerta abierta a recibir mensajes que también requieren ser atendidos, sobre todo si se es periodista y se pretende tener un feedback con su propia audiencia, porque esto toca también el tema de la "marca personal" (o personal branding) y la "reputación online", en particular de los 'famosos' comunicadores o TwitStars que por más que lo sean le caben las reglas como a cualquiera. Otro tema es el mal uso de por ejemplo Linkedin para enviar mensajes que no son más que spam, ni siquiera disfrazados de un mensaje legítimo o actualización (ya lo trataremos específicamente en otra ocasión).
Lo paradógico luego es como algunos de estos colegas cultivan el "arte de ningunear" como así también los comunicadores y directivos de una organización de periodistas o hasta una universidad, por más pertinencia, títulos, honores y papers publicados internacionalmente, pueda ser ninguneado a nivel local.